La paternidad activa potencia las capacidades cognitivas de los padres, según un estudio

Un nuevo estudio ha descubierto que los padres que participan activamente en la vida de sus hijos reciben un poderoso impulso en sus capacidades cognitivas.
El estudio, titulado "El cerebro paterno: perspectivas longitudinales sobre la plasticidad estructural y funcional y el apego durante las 24 semanas posparto", fue publicado el mes pasado en la revista Translational Psychiatry. Este analizó los cambios en el volumen de la sustancia gris y la conectividad funcional en estado de reposo en el cerebro de 25 padres inmediatamente después del nacimiento de su hijo y a las tres, seis, nueve, 12 y 24 semanas posteriores.
[Estamos en WhatsApp. Empieza a seguirnos ahora]
La sustancia gris, según la Clínica Cleveland, es un tipo de tejido fundamental en el sistema nervioso central que funciona como el centro de procesamiento de información del cerebro.
Los investigadores descubrieron que en las primeras seis semanas tras el nacimiento de su hijo, el volumen de la sustancia gris en el cerebro de los padres participantes disminuyó en casi todas las áreas, antes de estabilizarse gradualmente. A partir de la semana 12 aproximadamente, comienza a crecer en las regiones cerebrales encargadas de la planificación y el razonamiento, así como en el cerebelo, el cual suele asociarse con el control motor y las emociones.
“Nuestros hallazgos revelan cambios significativos en la morfología y en la conectividad funcional del cerebro masculino tras el nacimiento de un hijo, perfilando las primeras 6 a 9 semanas posparto como un periodo crítico para la neuroplasticidad paterna”, afirmaron los investigadores.
“Estas alteraciones siguen un patrón temporal caracterizado por adaptaciones rápidas y progresivas a las nuevas exigencias de la paternidad, seguidas de perfeccionamientos posteriores para respaldar el cuidado y las funciones relacionadas con el apego”.
Aunque no identificaron los mecanismos exactos detrás de las modificaciones en el cerebro de los padres, los investigadores señalan que los cambios observados “sugieren una influencia directa del nacimiento del bebé, lo que probablemente refleja una adaptación evolutiva dentro del contexto de la nueva paternidad”.
“Esto se destaca de manera particular por la reestructuración de regiones críticas para la crianza y la asociación significativa de la amígdala con el apego paterno, ya que el periodo posparto temprano es una ventana crucial no solo para la reorganización neuronal paterna, sino también para el desarrollo del apego paterno en sí”, indica el estudio.
De acuerdo con la Unión Internacional para el Estudio Científico de la Población, Estados Unidos lidera a nivel mundial en las tasas de hogares monoparentales, y una gran mayoría de esos hogares carece de padre. Los datos de 2023 muestran que casi uno de cada cuatro, o aproximadamente 19 millones de niños estadounidenses de 0 a 17 años, viven en un hogar que no tiene un padre biológico, padrastro o adoptivo.
En 1960, solo el 11% de los niños en los EE. UU. vivía separado de sus padres, según el Centro de Investigaciones Pew. Para el año 2010, esa proporción se duplicó a más del 27%. Pew también descubrió que los padres de raza negra tenían más del doble de probabilidades que los padres de raza blanca de vivir separados de sus hijos (44% frente a 21%), mientras que los padres hispanos se situaron en el medio con un 35%.
También se encontró que alrededor del 40% de los padres que nunca terminaron la escuela secundaria estaban ausentes, en comparación con solo el 7% de los padres que se graduaron de la universidad.
En el estudio de 2013 titulado "Los efectos causales de la ausencia del padre", los investigadores encontraron pruebas sólidas de que la ausencia de los padres en la vida de sus hijos afecta negativamente su desarrollo socioemocional, particularmente al incrementar conductas de exteriorización de problemas.
“Estos efectos pueden ser más pronunciados si la ausencia del padre ocurre durante la primera infancia que durante la infancia media, y pueden ser más acentuados en los niños que en las niñas”, señalan los investigadores. “Los efectos en el desarrollo socioemocional persisten hasta la adolescencia, etapa para la cual encontramos pruebas sólidas de que la ausencia del padre aumenta las conductas de riesgo en los adolescentes, tales como el tabaquismo o la maternidad y paternidad tempranas”.