¿Quiere saber un secreto? Usted es salvo antes de saberlo

Nota de los editores: La página de Opinión de Christian Post ha publicado dos puntos de vista opuestos sobre el calvinismo. Para leer la opinión contraria en el artículo titulado “¿Qué viene primero en el orden de la salvación: la fe o la regeneración?”, haga clic aquí.
¿Quiere saber un secreto? Si usted es cristiano, fue salvo antes de saber que lo era.
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Ahora, apuesto a que la gran mayoría de ustedes que leen esto piensan que tomaron una decisión personal —totalmente por su cuenta— de recibir a Cristo, y una vez hecho esto, se convirtieron en hijos de Dios en la fe. John Chipman cree esto, como lo demuestra su artículo, “¿Qué viene primero en el orden de la salvación: la fe o la regeneración?”.
Él dice: “La fe precede a la regeneración. Siempre. Para todos”.
Muchos piensan que lo contrario es una herejía y una idea errónea. Aun así, voy a pedirle que me conceda unos momentos para defender la postura de que la regeneración (la obra sobrenatural del Espíritu que nos da vida espiritual, transforma el corazón y capacita la fe, para que nos convirtamos en una nueva creación en Cristo) precede a la fe. Yo solía creer lo contrario en mis inicios en la vida cristiana, pero ahora estoy convencido de que no podemos dar ese paso de compromiso hacia Dios hasta que Él nos capacite para hacerlo.
Y pocas cosas glorifican más a Dios que esa verdad.
No es usted, es Él
A R. C. Sproul le pasó lo mismo que a mí. En un breve artículo, reflexiona sobre cómo uno de sus profesores de seminario lo dejó teológicamente conmocionado al enseñarle que la regeneración precede a la fe, diciendo: “Estas palabras fueron un shock para mi sistema. Había entrado al seminario creyendo que la obra clave del hombre para efectuar el nuevo nacimiento era la fe. Pensaba que primero teníamos que creer en Cristo para nacer de nuevo”.
Pero Sproul recibió un curso intensivo sobre el tema y terminó convirtiéndose en uno de los más firmes defensores de que la regeneración viene antes que la fe. ¿Qué lo hizo cambiar de opinión?
Lo primero y más importante fue la enseñanza bíblica de nuestra incapacidad moral para elegir a Dios. En pocas palabras, la Escritura dice que no podemos creer y tener fe en Dios hasta que Él actúe primero en nuestro favor.
Por eso Jesús dijo: “Por eso os he dicho que ninguno puede venir a Mí, si no le fuere dado del Padre” (Juan 6:65), destacando nuestra falta de poder moral para elegir a Dios, y por qué Cristo también mostró una distinción entre aquellos a quienes se les concede la fe y a quienes no, cuando dijo: “A vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado” (Mateo 13:11).
También es la razón por la que Pablo escribe: “estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Efesios 2:1), indicando el estado espiritual inicial de todos, muertos para Dios. En otra parte, continúa escribiendo: “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz, por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden” (Romanos 8:6-7) y “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14).
Si la mente natural de una persona no es capaz de someterse a Dios, piensa que “las cosas de Dios” son una necedad hasta el punto de que “no las puede entender”, ¿puede decirme cómo es capaz de levantarse por sus propios medios, reunir una fe que no existe y recibir a Cristo?
Agustín vio este dilema ineludible y molestó a muchos en su época cuando resumió los puntos de Cristo y Pablo en esta breve oración escrita: “Concede lo que mandas y manda lo que deseas”. Ninguno de sus contemporáneos tuvo problemas con la segunda parte, pero ¿con la primera afirmación? Recibió de ellos las mismas miradas de desaprobación que recibimos hoy quienes creemos que Dios debe primero concedernos la capacidad de confiar en Él.
Agustín y quienes sostienen que la regeneración precede a la fe reconocen que las personas tienen libre albedrío, pero carecen de *libertad espiritual* cuando se trata de ejercer nuestra voluntad hacia Dios. Nuestro estado inicial es uno en el que no hemos perdido la capacidad de tomar decisiones; es solo que las decisiones son malas en lo que a Dios respecta, lo que significa que no se puede ejercer la fe y elegir a Dios sin que Él lo capacite primero.
Martín Lutero adopta esta postura cuando escribe: “El libre albedrío sin la gracia de Dios no es libre en absoluto, sino que es prisionero permanente y esclavo del mal, ya que no puede volverse hacia el bien”.
Jonathan Edwards lo describe así: “De ahí que la obra del Espíritu de Dios en la regeneración se compara a menudo en la Escritura con el dar un nuevo sentido, ojos para ver, oídos para oír, destapar los oídos de los sordos, abrir los ojos de los que nacieron ciegos y pasar de las tinieblas a la luz... [se] compara con resucitar a los muertos y con una nueva creación”.
Que es exactamente lo que significa la palabra griega para “regeneración” (*palingenesias*): “nuevo génesis”, un “regreso de la muerte a la vida”. Siendo esto cierto, la fe se entiende como el *fruto* de la regeneración, no su *causa*.
Así que, dada toda la evidencia bíblica que habla de nuestra incapacidad moral para ejercer la fe en Dios por nuestra cuenta, ¿no resulta bastante difícil creer que algunos de nosotros simplemente nos abrimos paso, superamos nuestra muerte espiritual y elegimos a Dios por nuestra cuenta? ¿Acaso lo entendemos todo donde otros no lo hacen?
¿Y así, incluso el más mínimo mérito de nuestra salvación nos corresponde por haberla elegido?
No. En cambio, vemos a Cristo afirmar la obra proactiva del Espíritu Santo para producir nuestra fe cuando dice: “El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Juan 3:8). Juan dice lo mismo antes en su Evangelio cuando se refiere a los creyentes como aquellos “que no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:13).
Eso es bastante claro, ¿no le parece? Su fe y su nuevo nacimiento no son “de voluntad de varón, sino de Dios”. En otras palabras, no es usted, sino Él, en lo que respecta a su fe.
O como escribió Pablo, cualquier fe que tengamos “no es de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8). Él subraya esto una y otra vez, diciéndonos: “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados” (Colosenses 2:13, énfasis mío) y “Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él” (Filipenses 1:29, énfasis mío).
Estas verdades son la razón por la que Martín Lutero y Jonathan Edwards se refirieron a sus libros sobre este tema (Lutero: *La Esclavitud de la Voluntad*; Edwards: *La Libertad de la Voluntad*) como sus obras más importantes. Y por qué me esfuerzo tanto en este punto, en lo que respecta al debate de la regeneración que precede a la fe. Si usted está espiritualmente muerto y es moralmente incapaz de elegir a Dios, como dice la Escritura, la regeneración *tiene* que preceder a la fe.
Al final, estoy de acuerdo con una cosa que John Chipman escribió en su artículo: “...si nos equivocamos en esto, empezamos a transitar un camino que conduce a un dios no bíblico y a una corrupción desesperanzadora del Evangelio”.
Un buen consejo.
Para evitarlo, recuerde dos cosas:
Primero, Él lo eligió a usted antes de que usted lo eligiera a Él, tal como dijo Jesús: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca” (Juan 15:16).
Segundo, por mucho que nos guste pensar que siempre estamos en la misma sintonía que Dios en estos asuntos de peso, a veces Su manera de hacer las cosas no concuerda con nuestra lógica humana. Como Él dice en los Salmos: “Pensabas que de cierto sería yo como tú” (Salmo 50:21).
Medite en oración sobre todo esto y vea si no llega a aceptar que la regeneración precede a la fe.