The Christian Post > Educación|Mon, Mar. 12 2012 08:43 AM EDT

Las Razones Históricas por las que Jesús Murió (1 de 2)

PorGerardo A. Alfaro | Columnista Invitado de Christian Post

INTRODUCCION:

A la mayoría de nosotros se nos ha enseñado con razón que al recordar la cruz de Jesús debemos pensar en que algo más que seres humanos comunes y corrientes están atrás de lo que pasó allí. Digo, con razón, porque las Escrituras nos dicen que Dios está intimamente activo en todo lo que desemboca en la cruz. Por otro lado, sin embargo, lo que algunos ignoran o no dan atención suficiente es lo relacionado con las razones históricas que hicieron posible la crucifixión.

JESUS NO MURIO

Cuando enseño sobre esto en el seminario, comienzo afirmando de manera categórica a mis alumnos que Jesús no murió. La reacción no se deja esperar. Es fácil ver como los ojos de muchos de ellos se abren como si hubieran oido algun tipo de blasfemia o herejía. Pero, entes que me lapiden por hereje, les pido que consideren lo siguiente. Jesús no simplemente murió, a él lo mataron. Jesús no buscó activamente que lo mataran. Sí, ya sé que la Escritura dice que él vino a morir y su agenda incluía la muerte. Pero en ningún sitio del Nuevo Testamento encontramos que él fuera a la cruz a crucifarse a sí mismo. Jesús no es como Socrates que se suicida. No, ciertas personas bien históricas y concretas pensaron y decidieron asesinarlo. ¿Qué tipo de persona era Jesús que levantó tal animalversión? Seguramente, quien quiera que fuese, no se habrá parecido mucho al Jesús de ciertas de nuestras ideas e imágenes.Por ejemplo, ese Jesús que pasaba abrazando niños, sentado observando el ocaso, o paseando entre viñedos… (no quiero decir con esto que nunca hiciera esto, más bien que la idea de un Jesús que sólo hacía eso no cuadra con la crufixión–nadie quiere matar a un pacífico pastor que no mata ni una mosca).

Jesús parece haber molestado a ciertas o a muchas personas quienes pensaron que la única forma de librarse de él era matándolo. ¿Pero qué hizo? Esta discusión es profunda y ha estado presente por siglos en la iglesia. Por eso no quiero dar la impresión de que la respuesta es fácil. Sin embargo, sí existen varios puntos que la Escritura deja bien claros y que vale la pena recordar. Dejenme hacer una pequeña lista aquí.

UN MESIAS DIFERENTE

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1. Jesús afirmó ser un mesías que no se ajustaba a las expectativas generales del contexto. Que hubo varios pretendientes mesiánicos antes y después de Jesús es algo bien sabido históricamente. Sin embargo, a ninguno de esos otros se les crucificó como a Jesús. Por lo menos no con la aprobación del liderazgo de Jerusalén. Jesús afirmó ser un mesías que no valoraba primariamente lo que los judíos de su tiempo sí hacían. En especial, por lo menos en varios círculos de importancia, el mesías se creía vendría a defender los intereses de Israel sobre los de las otras naciones. Jesús no parece interesado primariamente en eso. Más bien les dice a sus seguidores que deben “ofrecer la otra mejilla” y llevar la carga de abuso otra milla. Esto es como decirles a los israelitas que la salvación ofrecida por este mesías consistía en seguir bajo la bota romana. Es como si Jesús les dijera que se sometieran a su autoridad y que no le pusieran atención a Roma. Si ellos obedecían a este mesías deberían rendirse a Roma y confiar en que Dios se encargaría de esta, después. Un mesianismo de este tipo implicaría “traición a la patría.” Actuar de esta forma, coloca a Jesús en la misma posición de profetas como Jeremías quien les habría profetizado de la misma manera, y a quien habrían sentenciado a morir (lo cual habría sucedido si no hubiera sido por un gentil que intercedió por él). En efecto, es históricamente factible que la razón por la que Jesús mantiene ambigüedad sobre su identidad mesiánica es por eso. Cuando lo quieren forzar a proclamarse rey, o mesías, Jesús huye hacia las montañas. No han entendido que su mesianismo es diferente. Cuando les dice qué tipo de mesías es no lo quieren aceptar, más bien lo tienen como un falso mesías que debe morir…

A manera de aplicación les recuerdo a mis estudiantes que el mesianismo de Jesús nos llama a serle fieles incluso sobre la fidelidad que le debamos a nuestra patría. Estar dispuesto a llevar la cruz de Jesús significa estar dispuesto a criticar y a abandonar si es necesario toda ideología que no se ajuste a la forma que Jesús tiene de entender la vida… El nacionalismo extremo es la idolatría que está al centro de las razones históricas que llevaron a Jesús a la cruz. A veces queremos ocupar a Jesús para que apoye nuestro proyecto. Lo más importante es que seamos nosotros los que apoyemos el suyo. Fueron aquellos que no vieron la diferencia entre estas dos cosas los que decidieron matarlo… cuidado!!

ACEPTAR AL MESIAS ES REVOLUCIONARIO

2. Jesús pretendía ser el elemento central que definiría de aquí en adelante la identidad del pueblo de Dios. Para los judíos del tiempo de Jesús su identidad pasaba centralmente por tres cosas: la ley mosaica, el templo de Jerusalén, y la tierra. Por un lado, Jesús una y otra vez insiste que estas tres cosas han sido relativisadas por su venida. La ley mosaica solo “pasaría,” dejaría de ser vinculante cuando fuese cumplida, y él, Jesús se entiende como el que ha venido a cumplirla, y por lo mismo como aquel que es su fin. De ninguna otra manera se puede entender cómo este Jesús se atreve a poner su palabra al mismo nivel que la ley mosaica. Se atreve a llamarse “señor” del sábado. Se atreve a hacer excepciones, a cancelar prescripciones, etc. Esto es inaudito, para muchos judíos esto no puede permitirse y debe pagarse con la muerte. Sobre el templo, Jesús se ofrece como el que perdona pecados sin mediación del templo. Debe recordarse que para el judaísmo el templo no es solo un lugar de adoración. Más bien es el lugar de expiación. Sólo allí se ofrece el perdón divino. Jesús piensa de otra forma, y vez tras vez manda a aquellos que ha sanado a que vayan al templo para que se muestren como sanos y perdonados. Cuando la samaritana le habla de “lugares” de adoración, Jesús le contesta que el tiempo ha llegado para que los verdaderos adoren a Dios en la misma persona del Hijo. Es como decir que el “lugar,” la tierra, tan altamente estimada por Israel no es más lo más decisivo en la identidad del pueblo de Dios. Cuando aquel israelita se acerca para pedirle que haga que su hermano le comparta su herencia, Jesús simplemente le responde que el no ha sido puesto como “repartidor de tierra.” Si ni la ley, ni el templo, ni la tierra definen más al pueblo de Dios, ¿cómo se define entonces? La respuesta es clara, los hijos de Dios se definirán por obedecer a Jesús, por seguirlo. Si alguien más grande que el templo, que Salomón, que Moisés, que la ley y los profetas ha aparecido a él debe obedecerse. Pero, para nosotros esto suena fácil de decir. Para el pueblo de Israel esto significaría la reconfiguración total de su vida individual, social, religiosa y política. Es mejor, dirá Caifás, que muera uno y no que todo el pueblo perezca… permitir esto último es practicamente imposible… y Jesús es mandado a la cruz…

Les sugiero a mis estudiantes que creer en Jesús significa exactamente esto. Muchos hoy en día no lo entienden. Creen que aceptar a Jesús es un asentimiento intelectual solamente. Cuando Pedro, en Pentecostés le dirá a los de Israel que se arrepientan y reconozcan a Jesús como el Cristo, les está pidiendo que acepten lo anterior. Y la implicación es clara. Si respondes positivamente a Jesús, tú también puedes terminar como terminó el maestro… en una cruz…

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